Vivencias varias parte 1: Mujeres y hombres y hombres y mujeres.

El otro día, mientras terminaba una colcha de ganchillo de Kraftwerk que le estoy tejiendo a una amiga, un recuerdo lejano vino a mi mente. Es un recuerdo de cuando tenía sobre unos 20 años o así. Estaba pasando la tarde con dos amigas. Fuimos a dar una vuelta a la playa, ver que vendían los puestos por el puerto y finalmente nos sentamos en una terraza a tomar un helado.

La memoria me falla a estas edades, pero creo recordar que intercambiamos las tres tan solo un par de frases con el camarero que vino a servirnos. Tras terminar nuestros helados, vino el camarero con la cuenta y ¡sorpresa! la única que tenía que pagar por mi helado era yo, ya que el chico les regalaba los helados a mis dos amigas.

Recuerdo que ese momento me dejó un regustillo amargo en la boca pero no le di mayor importancia. A mis amigas la experiencia les dio para un rato de burlas y risas, pero sin malicia. El caso es que con el paso de los años, el recuerdo iba y venía de vez en cuando, siempre recordándome ese mal sabor de boca que me dejó (que no tiene que ver con la calidad del helado), sin saber exactamente porqué.

Con el tiempo y la experiencia creo que ya se porqué ese recuerdo insiste en volver de vez en cuando a mi cabeza. Lo que me trae el sabor amargo de zapatilla de deporte recalentada a la boca no es el hecho de que un perfecto desconocido no me invitara a un helado, sino el hecho de un hombre, sin ningún tipo de disimulo, ya sea consciente o inconscientemente, nos dividió entre chicas monas y chica menos mona al pagarles un helado a mis amigas y a mi no. Tan solo puedo recordar una diferencia, y  es que mis amigas vestían más acordes al verano que yo, que tengo una cruzada declarada contra el sol y procuro cubrirme sin asfixiarme. Es decir, que mis amigas llevaban escotes y pantalón corto y yo probablemente llevaría pantalón media caña y un escote menos generoso.

83250357Tu helado, con un poco de “paso de tu cara”

¿Debo culpar al camarero por no pagarme un helado? Por supuesto que no. Pero si le culpo por falta de tacto. Ya no éramos unas niñas jovenzuelas pero tampoco eramos unas señoras ya asentadas en la vida. Cuando entras la veintena sigues teniendo problemas de autoestima, inseguridades, etc Todo eso no desaparece mágicamente cuando uno sopla las velas de la tarta de cumpleaños. Es una batalla que lleva años vencer y algunas personas nunca lo logran. La sociedad ataca a las mujeres por todos los lados: el peso, tamaño de pechos, actividad sexual etc etc No ayuda en esta batalla de la autoestima que un hombre invite a dos chicas dejando totalmente olvidada a la tercera, como si no existiera. Me imagino que ni se le pasaría por la cabeza la humillación ante las otras chicas que eso podría suponer para la chica a la que no has invitado.

Las mujeres podemos ser nuestras peores enemigas. Cuando pienso en esa tarde, no puedo evitar pensar en como mis amigas, probablemente por la edad y por desconocimiento, no sintieron ningún tipo solidaridad. Tengo muchísimos fallos y no presumo de haber sabido siempre como reaccionar a las cosas, pero estoy convencida que de haber sido una de mis amigas la excluida, me hubiera ofrecido a pagarle al menos la mitad del helado. Ellas no estaban obligadas a hacerlo, pero tal vez el recuerdo sería menos amargo si en vez de burlarse y reírse, hubieran guardado silencio o hubieran intentado quitarle hierro al asunto en vez de participar en la ¿involuntaria? humillación. Un resultado perfecto para esa situación hubiera sido si mis amigas, al ver como me daba el camarero la factura solo a mi, se hubieran ofrecido a pagar la mitad en el mismo momento en el que el camarero estaba delante, no para aliviar mi situación económica (que por si alguien tiene dudas, no va por ahí el asunto), sino para enseñar al chico que se puede coquetear con chicas sin “despreciar” a otras. Y pongo despreciar entre comillas porque me parece que la palabra es muy fuerte, pero ahora mismo no se me ocurre otra palabra que encaje mejor con el sentimiento.

Así que nenas y nenes, sed libres, coquetead todo lo que queráis, pero siempre pensad en como vuestras acciones pueden afectar a otros que no tienen culpa. Solo un poquito de solidaridad puede hacer maravillas.

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